El Boom no fue solo de ellos: mujeres invisibles y brillantes que escribieron América Latina
Muchos dicen que el Boom latinoamericano nació con Rayuela (1963) de Cortázar o con La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa. Otros se remontan hasta El pozo (1939) de Onetti o El Señor Presidente (1946) de Asturias. Pero en realidad, el Boom no tiene fecha exacta; tiene voz. Y esa voz fue durante mucho tiempo masculina.
Como dijo Iván Thays, fue «un club que no admitía señoras». Y sin embargo, las hubo. Las que escribían con la misma potencia, con igual o mayor sensibilidad, con ese vértigo de saberse mujeres en un mundo que prefería a hombres contando la historia.
Mujeres que escribieron el Boom desde la orilla (o desde el centro, aunque no se les quiso ver)
María Luisa Bombal (1910–1980, Chile)
La última niebla y La amortajada
Con una prosa etérea, introspectiva, que parecía dictada por los sueños, Bombal fue pionera en hablar del deseo femenino, de la frustración y de la vida interna de las mujeres.
Jorge Luis Borges la admiraba, y hasta la ayudó a publicar. Fue amiga de Pablo Neruda. También disparó a su amante en un hotel de Santiago y sobrevivió al escándalo (¿acaso no merecía más que un pie de página?).
Se dice que La amortajada influyó fuertemente a autores del Boom. Pero rara vez se reconoce
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Rosario Castellanos (1925–1974, México)
Balún Canán y Oficio de tinieblas
Castellanos hablaba del racismo, del papel de la mujer indígena, de la desigualdad en Chiapas desde una narrativa profundamente ética y feminista.
Fue embajadora de México en Israel y murió electrocutada en su baño. Algunos creen que fue suicidio, pero nadie lo sabe con certeza.
Clarice Lispector (1920–1977, Brasil)
La hora de la estrella y Cerca del corazón salvaje
Escribía como si mirara a los ojos del alma. Era filosófica, experimental, existencial. Hablar de ella es hablar de mística cotidiana.
Fue olvidada por el Boom por no escribir en español. Pero ahora es ícono en TikTok y BookTok por frases que parecen escritas para tatuajes o breakdowns existenciales con café.
Caetano Veloso dijo que Clarice era “una de las cosas más importantes que le pasaron al siglo XX”.
Sara Gallardo (1931–1988, Argentina)
Enero y Los galgos, los galgos
De familia aristocrática, escribía sobre lo rural, lo marginal, el aborto, las mujeres que no encajan.
Fue ignorada por el canon argentino hasta que Mariana Enríquez la rescató para las nuevas generaciones.
chismecito: tuvo un romance con el escritor Héctor Murena y vivió años en Europa huyendo de la dictadura.
Nellie Campobello (1900–1986, México)
Cartucho
Fue la única mujer que escribió sobre la Revolución Mexicana desde dentro, con crudeza y belleza.
Fue secuestrada por su propio secretario, quien la mantuvo aislada hasta su muerte.
Elena Garro (1916–1998, México)
Los recuerdos del porvenir
Una de las verdaderas madres del realismo mágico, aunque García Márquez se llevó los aplausos.
Fue esposa de Octavio Paz y vivió marcada por su sombra. Paz intentó borrar su legado, acusándola de ser pro-fascista.
Sufrió el exilio, el olvido y la censura. Hoy por fin es reivindicada como una de las más brillantes.
Adiós, Vargas Llosa: ¿muere con él el Boom?
Ayer, 14 de abril de 2025, murió Mario Vargas Llosa, último miembro vivo de ese exclusivo club de señores que definieron la literatura de un continente.
Con su muerte, no muere la literatura, pero sí se cierra un ciclo.
Uno que durante décadas ignoró a las mujeres que también escribieron el alma latinoamericana.
Ahora es nuestro turno de contarlo todo.









