El Graduado
The Graduate (1967) dir. Mike Nichols
Esta mañana decidí ver una de las películas de culto más icónicas: El Graduado (1968).
Desde el principio, el personaje de Ben me causó una pereza tremenda. Cada palabra que decía parecía estar cargada de su miedo al confrontamiento, y cuando se encontraba en conversaciones incómodas, simplemente se quedaba ahí, atrapado en su pasividad. Supongo que Ben y yo somos polos opuestos: siempre he sabido lo que quiero, y las personas que navegan en esa nebulosa de indecisión suelen desesperarme un poco.
No me malinterpreten, entiendo perfectamente ese sentimiento. Ben es un recién graduado de apenas 20 años, atrapado en esa confusión típica de quien no sabe hacia dónde dirigirse. Creo que todo depende del estado de ánimo en el que te encuentres al ver la película: también influye cuántos años tengas y tu nivel de madurez.
Ben, como tantas personas, está atravesando un momento crítico en su vida. Se enfrenta a la gran pregunta: ¿qué quiere hacer realmente ahora que ha terminado la universidad? Esa incertidumbre es tan universal que, aunque me frustre, también la encuentro profundamente humana.
Aquí es cuando entra en escena otro personaje del que hay que hablar: Mrs. Robinson. Este personaje, sinceramente, lo detesté. A Ben le tenía cierta lástima, pero Mrs. Robinson me provocó repulsión y desprecio. Es una mujer que, siendo la esposa del socio de negocios de los padres de Ben, se aprovecha de él de la peor manera. En la fiesta que le organizaron sus padres, utiliza mentiras para llevarlo a su casa y proponerle tener una relación.
Está claro que Mrs. Robinson estaba aprovechándose de Ben, manipulando su confusión y ansiedad para desestabilizarlo mientras lo seducía. Disfruta del control que tiene sobre él cada vez que lo somete a sus encantos. Cuando Ben, desesperado, intenta tener algún tipo de conversación seria con ella dice muy poco. Sin embargo, él logra captar que Mrs. Robinson está atrapada en un matrimonio sin amor, obligado por un embarazo inesperado de Elaine cuando estaba en la universidad.
Su rostro lo dice todo: una mezcla de amargura y profunda infelicidad por la vida que le tocó vivir. Detrás de su celosa necesidad de poder está el verdadero motivo de su relación con Ben: una tristeza que la consume y la lleva a buscar un escape en el control y la envidia.
A pesar de todo esto, no puedo ignorar que Ben es un adulto y tomó la decisión de iniciar su aventura con Mrs. Robinson. Nadie lo obligó a cruzar esa línea, y aunque estaba claramente confundido, él pudo detenerse en cualquier momento, pero eligió continuar. Por eso, la lástima y el pesar que sentía por él se desvanecen un poco.
Esta película es un icónico coming-of-age movie. Me encanta cómo utiliza el agua para evocar la soledad y la sensación de sentirse atrapado en el caso de nuestro protagonista. Por ejemplo, la escena donde literalmente es ahogado y empujado más hondo en la piscina de sus padres. Está claro que Ben nunca ha roto las reglas impuestas por sus superiores, algo que, en mi opinión, de vez en cuando necesitamos hacer para no terminar como nuestro protagonista. Es solo cuando tiene su romance con Mrs. Robinson que Ben aparece tranquilamente flotando sobre la piscina donde alguna vez fue ahogado por sus padres.
Pero el final de la película compensa todas las veces que rodé los ojos viendo a Ben actuar como el muchacho inmaduro que es.
A veces estamos tan seguros de lo que no queremos que lo que realmente deseamos queda borroso entre líneas. Terminamos tomando decisiones impulsivas, casi sin pensarlo. Es una reflexión que la película me dejó: ¿quieres ser feliz o miserable? No tenemos que tener toda nuestra vida resuelta apenas terminamos la universidad. De hecho, creo que es el momento perfecto para empezar a descubrir lo que queremos y tomar acciones concretas para conseguirlo.
Pelear demasiado rápido por nuestra independencia puede llevarnos a quedarnos atrapados en malas decisiones de las que luego será difícil escapar.
En fin, El Graduado es una película que vale la pena, y el soundtrack es simplemente fenomenal.
«Siento ese impulso desde que me gradué. Un impulso que me induce a ser brusco siempre, ¿entiendes? (…) Es como si jugara a algo cuyo reglamento no tiene sentido para mí. Está dictado por personas equivocadas…»
Mis más sinceras felicitaciones a todos los graduandos. El comienzo de tu vida es ahora.










